ETA todavía existe
En las pasadas elecciones vascas fueron muchos los que se felicitaron por unos comicios “celebrados por primera vez en paz”. Tal afirmación era una necedad manifiesta, en primer lugar porque no puede hablarse de paz cuando un grupo armado sigue ejerciendo –por su mera existencia– una presión inmensa sobre la sociedad a la que durante décadas ha esclavizado. Y en segundo lugar, porque no hay ningún motivo para felicitarse cuando los terroristas acceden al Parlamento y a las instituciones con la única condición de que dejen la pistola en el monte, algo a lo que acceden encantados porque ahora van a hacer el mismo daño con su acta de diputado.
Sabemos que ETA sigue existiendo. Afortunadamente la Guardia Civil y la Policía francesa también lo saben, y por eso ahora sí que nos felicitamos al conocer la noticia de las últimas detenciones. Pero no es suficiente. No habrá paz verdadera mientras sigan sin esclarecerse centenares de asesinatos, ni mientras otros cientos de asesinos sigan en libertad como es el caso de Josu Ternera, o de De Juana Chaos. El ministro del Interior debe conducir sus esfuerzos a la detención de estos criminales; ese es su trabajo, y no el de hablar permanentemente de medidas de gracia o indultos, que son conceptos que debería borrar de su agenda, porque sólo consigue añadir dolor a las víctimas.
El Partido Popular vasco –entre otras razones– va camino de la desaparición en el País Vasco por haber aceptado la rendición como único camino hacia la paz; por abandonar el valiente camino que con mucho dolor abrieron sus mayores; por permitir que el terrorismo se camuflase en listas electorales sin utilizar instrumentos como la Ley de Partidos; y, en definitiva, por olvidar que ETA todavía existe.
Sabemos que ETA sigue existiendo. Afortunadamente la Guardia Civil y la Policía francesa también lo saben, y por eso ahora sí que nos felicitamos al conocer la noticia de las últimas detenciones. Pero no es suficiente. No habrá paz verdadera mientras sigan sin esclarecerse centenares de asesinatos, ni mientras otros cientos de asesinos sigan en libertad como es el caso de Josu Ternera, o de De Juana Chaos. El ministro del Interior debe conducir sus esfuerzos a la detención de estos criminales; ese es su trabajo, y no el de hablar permanentemente de medidas de gracia o indultos, que son conceptos que debería borrar de su agenda, porque sólo consigue añadir dolor a las víctimas.
El Partido Popular vasco –entre otras razones– va camino de la desaparición en el País Vasco por haber aceptado la rendición como único camino hacia la paz; por abandonar el valiente camino que con mucho dolor abrieron sus mayores; por permitir que el terrorismo se camuflase en listas electorales sin utilizar instrumentos como la Ley de Partidos; y, en definitiva, por olvidar que ETA todavía existe.