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La diferencia se llama Isco

El Málaga sacó adelante un partido de los que por estos lares denominamos 'atragantao'. Se veía venir. El Milan está a la vuelta de la esquina, y el Valladolid tiene un buen equipo, que sabe lo que quiere y cuenta con Manucho, que es un peligro continuo, incluso dando codazos... Todo ello hacía presagiar una tarde difícil, y el comienzo no solo confirmó las sospechas, sino que incluso las superó, porque de buenas a primeras el que mandaba sobre el terreno de juego era el equipo de Pucela, e incluso fue capaz de adelantarse en el marcador con un gran gol de contraataque. Encima, el Málaga no transmitía buenas vibraciones. Excesivamente separadas sus líneas, con Isco muy lejos del área rival, y Recio, Portillo y Gámez en plan desconfiados, la cosa no pintaba bien. Suerte para los malaguistas que los vallisoletanos, en vez de perseverar en su buen juego y en sus buenas hechuras, comenzaron a perder tiempo y a entrar en marrullerías que no solo no desconcertaron a su rival, sino que sirvieron para despertarlo de su letargo. Además, tanta tontería hizo que el árbitro, Iglesias Villanueva, posiblemente el peor de Primera (lo cual, con la cantidad de malos colegiados que hay es de un mérito indudable), se encrespara contra los castellanos, invirtiendo su hasta entonces permisividad con sus entradas. El Málaga decidió recuperar el terreno, el Valladolid se enredó en su propia trampa y los de Pellegrini recuperaron la batuta perdida pese a que el centro del campo seguía con las carencias y la desconfianza de un Recio excesivamente perjudicado por su largo tiempo fuera de la titularidad. La jugada de Eliseu e Isco no solo fue el empate, sino también el comienzo del festival que volvió a ofrecer el jugador de Arroyo de la Miel. Hoy por hoy, la diferencia entre el Málaga y muchísimos equipos de Primera empieza y termina en Isco. Es un pedazo de jugador al que, desgraciadamente, salvo reaparición de Al-Thani y Ghubn (ojalá ocurra, ojalá), lo vamos a poder disfrutar poco por estos lares, aunque aún tenemos tiempo de conseguir que se quede más. Por sus botas comienza y finaliza el Málaga que domina, juega la pelota y encuentra los espacios, y por su cabeza pasan jugadas increíbles que resuelve con la naturalidad de la que solo los genios disfrutan.